ética

Mi visión sobre la economía feminista

En el dia internacional de la mujer

Hace algunos días una buena amiga me pidió que compartiera con ella mis opiniones sobre la economía feminista y más en general sobre las posibles contradicciones éticas entre las visiones personales sobre el mundo (feminismo, ecología, comercio justo…) y las legítimas aspiraciones a maximizar la rentabilidad de las inversiones personales.

Le prometí a mi amiga y repito aquí que no voy a pretender fingir ahora ser feminista o hablar desde una perspectiva feminista. Por las razones que sea yo no tengo esa perspectiva y no puedo simularla. Sin embargo, si puedo opinar desde el respeto sobre maneras en que se puede avanzar en la resolución de esas contradicciones sin por ello pagar un precio demasiado alto.

Es muy dificil tocar en un solo artículo todos los temas económicos que pueden encararse desde una posición feminista. Pero hay algunos asuntos que son tan sobresalientes que pueden servirnos para entender el acercamiento que propongo.

La brecha salarial

Hablemos en primer lugar de la brecha salarial. La falta de entendimiento se debe aquí en mi opinión a que se mezclan indebidamente dos (al menos) causas muy distintas lo que hace el debate imposible.

Creo que sería importante desde una perspectiva feminista separar la desigualdad salarial que se produce por la estadística del numero de horas trabajadas de la otra desigualdad que se produce por la distinta valoración del género.

Al combinarse ambas razones, los empresarios moderados siguen viendo que la sociedad quiere cargarles una responsabilidad «política» de igualdad, mientras que muchos otros empresarios pueden escudarse detrás de la estadística para ocultar sus razones de género.

Separar claramente esos dos factores y tal vez otros ayudaría a desenmascarar las actitudes puramente machistas y racionalizar el diálogo sobre la parte de la brecha salarial que se deba al numero de horas trabajadas y ver si desde la política hay que hacer algo para mitigarla o eliminarla.

El techo de cristal

Otro tema recurrente en este debate es el de el techo de cristal con que se topan las mujeres en su carrera profesional por motivos de género. Es un problema algo relacionado con el anterior pero de naturaleza muy distinta.

Sinceramente creo que aquí no es la perspectiva machista en si misma la que crea ese techo de cristal. Las mujeres que se adaptan al estilo de dirección más comúnmente identificado con el rol tradicionalmente masculino no tienen mucho problema para progresar profesionalmente.

Se me ocurre que lo que realmente frena el desarrollo profesional de muchas mujeres y de no pocos hombres viene determinado por los «key performance indicators» que se usan en los negocios y en la política.

Traduciéndolo al lenguaje coloquial, las personas y las organizaciones se comportarán de manera distinta en función de cuales sean los factores que se miden y que se recompensan. En un artículo que publiqué hace unos días en Economía Hoy , hablaba de la enfermedad cortoplacista que aqueja a la gobernanza de empresas, administraciones y organizaciones.

Este enfoque hacia el corto plazo encaja a mi entender bastante bien con los roles que tradicionalmente se han considerado masculinos mientras que el enfoque hacia el largo plazo, la armonía, la eliminación de tensiones, la inteligencia emocional… ha estado más vinculada con los roles tradicionales de la mujer.

En un entorno así, donde los valores que se miden y se recompensan son los de los resultados inmediatos a cualquier precio, tendrán más facilidades para progresar aquellas personas que mejor encarnen las actitudes masculinas en tanto que allí donde primen la calidad se servicio, la armonía social, la valoración de los intangibles, la sostenibilidad… las actitudes consideradas femeninas tenderán a triunfar más.

Otras posibles contradicciones

Asociadas a los enfoques feministas se presentan también una serie de opciones presentadas como éticas tales como el comercio justo, la ecología, la solidaridad…

Nada que objetar en principio a ninguna de ellas pero la realidad es que el mercado no está ofreciendo aún buenas alternativas para invertir en proyectos que cumplan con ese tipo de requisitos.

Yo me atreveré a sugerir tres criterios a quienes se enfrenten a ese tipo de dilemas:

1.- Si no hay buenas alternativas, tal vez lo mejor sería canalizar hacia la política la acción individual y colectiva para cambiar las cosas y dejar que las inversiones personales no se vean obligadas a pagar una prima de rentabilidad negativa excesiva. Es compatible que el pez aspire a respirar fuera del agua y que mientras lo consigue siga respirando debajo de ella.

2.- El hecho de que los mercados no ofrezcan alternativas no se debe a que haya un comité de «malos» que lo impide. Simplemente no hay suficiente demanda. Acercarse a las posturas colectivistas y socialistas porque parecen simpatizar más con estas temáticas puede resultar confortable pero no asegura el acierto. Desgraciadamente el socialismo está tardando en encontrar su posición en el mundo porque no sabe entenderse con el mercado y el mercado como regulador natural de la contraposición de intereses va ganando por goleada a las soluciones  colectivistas.

3.- Empieza a haber soluciones serias a ese tipo de preocupaciones. Todavía hay que resignarse a sufrir rentabilidades inferiores a las posibles en el mercado abierto pero al menos son transparentes y están bien estructuradas. Estuve ayer visitando una oficina de Triodos Bank y me pareció que van aproximándose poco a poco a tener una gama de productos interesantes. Todavía son excesivamente conservadores en mi opinión pero sus CDA’s por ejemplo pueden servir como una alternativa socialmente responsable que puede ofrecer una rentabilidad superior a la que se obtiene con los productos propiamente bancarios.

En fin, se trata de un  temario amplísimo. Me encantaría recibir comentarios que me permitan reflexionar más en estos temas y otros relacionados. Mientras tanto, feliz día de la mujer a todas la mujeres, a las feministas y a las que no lo son.